domingo, 28 de octubre de 2012

Instantaneo


El "generalisimo" Francisco Franco era especialmente propenso a dejarse engatusar. Le colaron con facilidad el motor a base de agua como solución a los problemas de suministro de combustible o las piscifactorías de delfines para paliar el hambre. También llegó a anunciar en 1939, en sus discursos, el descubrimiento de yacimientos de oro y petroleo que acabarían con la pobreza en España. Años después de este anuncio España seguía teniendo una economía tercermundista y la gente seguía pasando hambre. Por supuesto nadie encontró ni rastro de tales yacimientos.
El caso más curioso e irrisorio fue el de la gasolina en polvo. En 1940 llegó a la Corte del Faraón un exiliado austriaco que afirmaba estar en posesión de una fórmula secreta que cambiaría el mundo.Albert Elder von Filek, que así se llamaba el oportunista en cuestión, afirmaba ser perseguido por las multinacionales del petroleo. A cambio de cobijo le ofrecía al dictador la exclusividad para explotar su descubrimiento. Franco tendría en su poder algo que haría temblar al mundo y convertiría a España en potencia mundial, la formula de la gasolina en polvo.

Elder von Filek se presentó ante Franco deshaciéndose en halagos y manifestando su admiración. Afirmaba ser seguidor del caudillo desde sus años en África. A los dictadores les suelen poner bastante los aduladores y Franco  no fue una excepción. Pronto otorgó su crédito a aquel oportunista que besaba el suelo que pisaba. Filek hizo creer a Franco que su propio coche oficial funcionaba con aquella mezcla maravillosa. Al parecer el compuesto secreto consistía en algunas plantas y minerales pulverizados que debían añadirse al agua para convertirla en combustible. Además, Franco estaba de suerte, después de “analizarla con rigor” Filek afirmó que el agua del Jarama era perfecta para mezclar con su compuesto.

Franco, entusiasmado, le cedió unos terrenos junto al río donde poder construir una factoría. Incluso se proyectaron unos enormes depósitos que debían contener el preciado combustible mágico. También se le concedieron diez millones de pesetas (una fortuna en 1940) para el desarrollo de su empresa y en los periódicos se anunció a toda página la buena nueva de que, gracias a Franco, España iba a tener gasolina ilimitada. Este es el momento en que Von Filek debía haber arramblado con todo cuanto pudiera de los diez millones y haber puesto pies en polvorosa. Filek no supo, o quizá no pudo, escapar a tiempo y la estafa fue descubierta. Tanto él como el chófer de Franco, que fue acusado de complicidad, fueron condenados a la cárcel.

No he conseguido encontrar información sobre Filek y su cómplice tras su entrada en prisión. Quizá no llegaron a salir nunca. Si algún lector sabe algo del tema estaría bien conocer el destino de este caradura. No se puede negar que el tipo tenía valor para planear algo así. O eso o era completamente estúpido.

Fuente : 
Bowen, Wayne H., España y la Segunda Guerra Mundial
Preston, Paul., El gran manipulador

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